
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha salido de las elecciones del 24 de marzo gravemente debilitada, aunque sigue siendo una figura central en la carrera por formar el próximo gobierno. Si bien su Partido Socialdemócrata logró mantener su posición como la mayor fuerza política en el parlamento, obtuvo solo el 21,9% de los votos, su peor resultado electoral desde 1903.
Las elecciones anticipadas, convocadas en medio de una disputa diplomática sin precedentes con Washington y las amenazas de Donald Trump respecto a Groenlandia, resultaron ser un duro golpe para la coalición centrista de Frederiksen. El bloque gobernante, compuesto por socialdemócratas, liberales (Venstre) y moderados, sufrió una caída devastadora, perdiendo 19 escaños y pasando de 89 mandatos a solo 70.
Dado que se requieren 90 escaños para la mayoría, ni el bloque tradicional de izquierda ni el de derecha lograron asegurar el control absoluto. En consecuencia, Dinamarca entra en una era caracterizada por su parlamento más fragmentado en siete décadas, con 12 partidos diferentes compitiendo por dictar las condiciones políticas.
Tras las desastrosas elecciones municipales de noviembre, en las que los socialdemócratas perdieron el control de Copenhague por primera vez en un siglo, y la posterior caída de sus índices de aprobación a un mínimo histórico del 17% en diciembre, Frederiksen calculó que unas elecciones anticipadas podrían salvar su mandato. Esperaba capitalizar el "impulso de Groenlandia", reuniendo a los votantes en torno a su firme oposición a las ambiciones territoriales de Trump.
Sin embargo, aunque la cuestión de Groenlandia acaparó los titulares internacionales, las preocupaciones nacionales dominaron finalmente las urnas. Los votantes daneses priorizaron el aumento del coste de vida, las políticas de inmigración y la justicia social por encima de las disputas geopolíticas.
Los resultados electorales han identificado claramente al nuevo hombre clave de la política danesa: Lars Løkke Rasmussen. El líder de los Moderados y dos veces ex primer ministro posee ahora la "acción de oro". En un parlamento muy fracturado, no se puede formar ningún gobierno viable sin su cooperación.
A pesar de experimentar pérdidas sin precedentes en las 92 circunscripciones, Frederiksen sigue decidida a asegurar un tercer mandato como primera ministra. Sin embargo, en un panorama político profundamente dividido, el precio del poder será indudablemente dictado por sus rivales.
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