
Irán y Estados Unidos intercambiaron ataques militares, poniendo fin abruptamente a una breve pausa en las hostilidades. El Comando Central de EE.UU. confirmó que interceptó varios misiles balísticos lanzados por Irán.
Los sistemas de defensa estadounidenses destruyeron varios misiles balísticos iraníes en pleno vuelo. Irán respondió acusando a EE.UU. de realizar ataques aéreos en territorio iraní.
El renovado intercambio de ataques fue un duro golpe para los esfuerzos de mediación. Los gobiernos europeos pidieron máxima contención a ambas partes.
Los mercados de energía reaccionaron con fuerza: el precio del petróleo subió ante temores de nuevas disrupciones en las rutas marítimas del Golfo.
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