
El puerto de Rotterdam, el más grande de Europa y un centro clave para las importaciones de petróleo, gas y otros combustibles fósiles al continente, se enfrenta a un desafío legal de activistas medioambientales que exigen que actúe más rápido para reducir su dependencia de las empresas de combustibles fósiles.
La acción legal insta a la Autoridad del Puerto de Rotterdam a establecer objetivos más ambiciosos para reducir el volumen de combustibles fósiles que fluyen por sus instalaciones y eliminar gradualmente los contratos con empresas cuyo modelo de negocio depende principalmente del carbón, petróleo y gas.
Rotterdam gestiona más carga que cualquier otro puerto europeo, con una parte significativa de su negocio ligada al comercio de combustibles fósiles. El puerto ha esbozado planes de transición hacia el hidrógeno verde, pero los críticos dicen que estos planes no avanzan lo suficientemente rápido.
La demanda contra el puerto de Rotterdam sigue una tendencia más amplia de litigios climáticos que tienen como objetivo empresas y organismos públicos considerados insuficientemente comprometidos con la reducción de emisiones.
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