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Un mes de conflicto: Los ataques de EE. UU. e Israel dejan profundas cicatrices en la infraestructura militar y civil de Irán

📅 Mar 31, 2026⏱ 4 min de lectura💬 0 comentarios

Tras el inicio de las operaciones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero de 2026, Irán ha soportado casi un mes de bombardeos incesantes. Lo que comenzó como una campaña dirigida contra instalaciones militares ha dejado una profunda huella en la nación, paralizando gravemente su infraestructura de defensa e infligiendo daños colaterales devastadores en zonas civiles, sectores energéticos vitales y un patrimonio cultural invaluable.

Diezma de las capacidades militares

La ofensiva aliada ha desmantelado sistemáticamente las redes de defensa de Irán. Según un informe dominical del Washington Post, en las primeras cuatro semanas se produjeron ataques contra cuatro instalaciones centrales de producción y al menos 29 bases de lanzamiento de misiles. Los ataques se dirigieron principalmente a plantas de combustible sólido y líquido esenciales para misiles balísticos de corto y medio alcance. Las imágenes por satélite confirmaron la destrucción de decenas de estructuras en complejos militares clave, como Khojir, Parchin, Hakimiyeh y Shahrud, así como el colapso de vitales túneles subterráneos de almacenamiento de misiles.

El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) corroboró estos hallazgos, documentando ataques en más de 20 bases de misiles. Además, el ejército estadounidense informó recientemente que más de dos tercios de las instalaciones de fabricación de misiles y drones de Irán, junto con la mayoría de sus astilleros, han sido comprometidos, según transmitió la agencia de noticias AFP el 26 de marzo. En un mensaje de vídeo publicado en la plataforma social X este miércoles, el almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de EE. UU. (CENTCOM), anunció que las fuerzas estadounidenses habían alcanzado con éxito más de 10.000 objetivos militares desde que comenzó el conflicto.

Infraestructura energética crítica en llamas

El costo económico de la guerra se ha visto exacerbado por los ataques a activos energéticos fundamentales. Los informes de los medios indican que el yacimiento de gas de South Pars —el mayor del mundo, compartido entre Irán y Qatar— ha sufrido daños significativos. Esta instalación es la columna vertebral del sector energético iraní, ya que suministra aproximadamente el 70 por ciento del gas nacional y representa alrededor del 10 por ciento del suministro mundial, lo que plantea preocupaciones sobre posibles repercusiones económicas a nivel global.

Aumento de víctimas civiles y ruina urbana

El impacto humanitario ha sido catastrófico. El domingo, la Media Luna Roja iraní anunció en X que más de 100.000 estructuras civiles habían sido destruidas o dañadas en todo el país. La capital, Teherán, se ha llevado la peor parte de la devastación urbana, con casi 40.000 unidades residenciales y comerciales afectadas. La organización también reportó cifras no verificadas de ataques que alcanzaron aproximadamente 600 escuelas y cerca de 300 centros de salud.

Las cifras de víctimas siguen aumentando. Según una declaración del 26 de marzo del Ministerio de Salud iraní, citada por la agencia de noticias dpa, el conflicto ha cobrado la vida de más de 1.900 personas —incluidas más de 240 mujeres y más de 200 niños—, dejando además más de 24.800 heridos. Anteriormente, a mediados de marzo, la Organización Mundial de la Salud estimó el número de muertos en aproximadamente 1.300.

Pérdida de patrimonio cultural irremplazable

Más allá de la tragedia humana y económica, el rico legado histórico de Irán está amenazado. Una declaración gubernamental publicada el lunes documentó daños en 131 lugares históricos en todo el país. La provincia de Teherán fue la que más sufrió con 61 sitios dañados, incluido el Palacio de Golestán, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2013. El centro cultural de Isfahán informó de 23 lugares dañados, en particular el emblemático Palacio de Chehel Sotoun.

En los primeros días de la guerra, el gobierno iraní emitió llamamientos urgentes para proteger las instituciones culturales. En respuesta, la UNESCO anunció que había proporcionado a todas las partes en conflicto las coordenadas geográficas exactas de los sitios del Patrimonio Mundial y otros monumentos significativos en un intento desesperado por evitar más pérdidas irreparables.

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