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El mito de la astenia primaveral: Un estudio suizo desmiente el agotamiento estacional

📅 Mar 30, 2026⏱ 4 min de lectura💬 0 comentarios

A medida que aparecen los primeros rayos cálidos de sol y el invierno se desvanece, muchas personas se quejan de un bajón estacional familiar: la astenia primaveral. Sin embargo, un innovador estudio realizado en Suiza ha desmentido recientemente este fenómeno generalizado, revelando que el agotamiento estacional es más un mito cultural que una realidad biológica.

Sin evidencia empírica del bajón estacional

Investigadores de la Universidad de Basilea, las Clínicas Psiquiátricas Universitarias de Basilea y el Hospital Universitario de Berna han llegado a una conclusión sorprendente. "Descubrimos que las personas no están mensurablemente más cansadas o agotadas en primavera que en cualquier otra estación", afirmó la directora del estudio, Christine Blume, psicóloga e investigadora del sueño en el Centro de Cronobiología de la Universidad de Basilea.

El estudio fue motivado por las frecuentes consultas de los medios que Blume recibía cada primavera. Para comprobar la existencia de este fenómeno, los investigadores realizaron un seguimiento a 418 participantes durante todo un año, a partir de julio de 2024. Cada seis semanas, los sujetos informaban sobre sus niveles de agotamiento durante las cuatro semanas anteriores, junto con su somnolencia diurna y la calidad de su sueño. A pesar de que aproximadamente la mitad de los participantes afirmaba sufrir de astenia primaveral al inicio del estudio, los datos empíricos no mostraron ninguna correlación estacional con sus niveles reales de energía.

Desmintiendo mitos biológicos

Durante años, las teorías populares sugireron que la astenia primaveral era causada por la dilatación de los vasos sanguíneos debido a las temperaturas más cálidas o por un "excedente" de melatonina invernal. Blume descarta estas ideas por considerarlas cronobiológicamente inverosímiles. Explica que la melatonina se produce y descompone continuamente en un ciclo de 24 horas, lo que significa que no hay un excedente estacional del que deshacerse.

"Si la astenia primaveral fuera un fenómeno biológico real, debería manifestarse precisamente durante esta fase de transición, por ejemplo, porque el cuerpo tiene que adaptarse", señaló Blume. Sin embargo, ni el cambio en la duración de los días ni los meses específicos tuvieron un impacto medible en el agotamiento percibido. El estudio también descartó las alergias al polen, la fiebre del heno y el uso de antihistamínicos como causas subyacentes.

Un fenómeno cultural y psicológico

Si la biología no tiene la culpa, ¿por qué tanta gente se siente agotada en primavera? El equipo de investigación señala a la psicología y la cultura. "Nuestra interpretación es que se trata mucho más de un fenómeno cultural que de un efecto estacional real", concluyeron los investigadores.

Blume sugiere que la mera existencia del término "astenia primaveral" moldea la percepción humana, dando a las personas una etiqueta conveniente para sus síntomas. Además, la disonancia cognitiva juega un papel: cuando brilla el sol, la sociedad espera que estemos activos y llenos de energía. Si nuestros niveles de energía no coinciden con esta alta expectativa, el déficit se siente mucho más pronunciado.

Condiciones médicas reales frente a mitos estacionales

Curiosamente, la "fatiga invernal" general también carece de respaldo científico, ya que los ligeros cambios en la duración del sueño entre el verano y el invierno equilibran naturalmente nuestras necesidades de descanso. Sin embargo, los científicos enfatizan que las condiciones médicas genuinas no deben confundirse con estos mitos estacionales:

  • Trastorno Afectivo Estacional (TAE): Una depresión invernal definida médicamente, desencadenada por la falta de luz, que se caracteriza por letargo severo, falta de motivación y bajo estado de ánimo.
  • Deficiencia de Vitamina D: Común en invierno debido a la insuficiente radiación UV-B, lo que puede causar agotamiento persistente y debilidad muscular.

En última instancia, aunque la transición a la primavera pueda parecer psicológicamente un desafío para algunos, la ciencia demuestra que nuestros cuerpos son tan capaces de manejar los cambios de estación como siempre.

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