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The Crisis of Indefinite Service: Why Ukraine Must Rethink its Approach to AWOL and Veteran Support

La crisis del servicio indefinido: Por qué Ucrania debe replantear su enfoque sobre las ausencias no autorizadas

📅 Apr 1, 2026⏱ 3 min de lectura💬 0 comentarios

A medida que la guerra a gran escala entra en su quinto año, el ejército ucraniano se enfrenta a un desafío interno crítico: el costo psicológico y físico del servicio indefinido. En un análisis exhaustivo publicado el 1 de abril de 2026, el destacado periodista y militar Pavlo Kazarin arroja luz sobre la compleja realidad de las Ausencias Sin Permiso (AWOL, por sus siglas en inglés) dentro de las filas, instando a la sociedad y al Estado a replantear cómo tratan a los soldados con largos años de servicio.

La doble naturaleza de las deserciones

Kazarin señala un fallo fundamental en la forma en que el público y el sistema judicial ven a los soldados que abandonan sus puestos. La clasificación de ausencia no autorizada agrupa actualmente a dos grupos demográficos muy diferentes. Por un lado, están los veteranos curtidos en batalla que han soportado años de combate, sufrido bajo un mal mando o enfrentado graves crisis familiares. Impulsados por un agotamiento extremo, llegan a un punto de quiebre en el que sienten que su deuda con la nación ha sido saldada. Por otro lado, están los reclutas que huyen del entrenamiento básico: individuos cuyo estatus es esencialmente otra forma de evasión del servicio militar, ya que nunca llegaron al frente.

Según Kazarin, combinar retóricamente a estos dos grupos crea una injusticia sistémica. Los marcos militares y legales no logran diferenciar entre un guerrero agotado y un recluta que se negó a luchar, enviando a menudo a ambos indiscriminadamente a unidades de asalto tras su regreso.

Estadísticas crudas y la carga del tiempo

Las cifras que rodean este problema muestran un panorama desolador. Para agosto del año pasado, más de 200.000 personas habían abandonado sus puestos sin permiso desde que comenzó la guerra, poco antes de que estas estadísticas fueran clasificadas como secretas. En marcado contraste, durante el mismo período se registraron menos de 20.000 casos penales por evasión del servicio militar, lo que resultó en menos de 2.000 condenas.

Para quienes sirven indefinidamente, el tiempo se convierte en un adversario. A diferencia del mundo civil, donde la experiencia trae avances profesionales, el ejército actualmente no ofrece beneficios progresivos. Un soldado en su quinto año recibe el mismo salario y los mismos 30 días de vacaciones anuales que un recluta en su primer mes. Esta falta de diferenciación exacerba la profunda brecha entre la vida militar y civil, lo que a menudo conduce al deterioro de la salud, carreras estancadas y matrimonios rotos causados por 11 meses de separación cada año.

Incentivos en lugar de castigos

El núcleo del problema radica en la ausencia de un cronograma de desmovilización, lo que priva a la sociedad del "modelo a seguir de un veterano": un ciudadano que ha completado su servicio y regresado a la vida civil. Kazarin argumenta que, dado que el Estado no puede prometer actualmente una fecha de finalización definitiva para el servicio, el enfoque debe pasar de las medidas punitivas a las recompensas tangibles.

Actualmente, el sistema favorece inadvertidamente a los recién llegados, ofreciéndoles contratos flexibles de tres años y opciones de puestos, mientras ignora el "desgaste" acumulado de los primeros voluntarios. Para combatir la crisis de ausencias entre los veteranos, Kazarin propone un cambio de paradigma: la duración del servicio debe influir directamente en la duración de las vacaciones, la compensación financiera y los beneficios familiares. Al reemplazar la amenaza del "látigo" por el incentivo de la "zanahoria", el Estado puede mantener mejor la disciplina, la moral y la justicia requeridas para sostener una guerra prolongada.

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