
A medida que la guerra a gran escala se adentra en su quinto año, el ejército de Ucrania se enfrenta a un profundo desafío interno: el agotamiento psicológico y físico de sus soldados causado por los plazos de servicio indefinidos. En un exhaustivo análisis publicado el 1 de abril de 2026, el periodista ucraniano Pavlo Kazarin pone de relieve la creciente crisis de Abandono de Destino (AWOL, por sus siglas en inglés) y los fallos sistémicos que la impulsan.
Kazarin sostiene que la sociedad y el sistema de justicia militar agrupan erróneamente a dos colectivos totalmente distintos en una única estadística de abandono. El primer grupo está formado por veteranos curtidos en la batalla. Se trata de soldados que han soportado años de combate, han sufrido bajo un mando deficiente o se han enfrentado a un grave agotamiento. Muchos abandonan sus puestos por desesperación para salvar sus matrimonios y familias. En su opinión, ya han pagado su deuda con la nación.
El segundo grupo, sin embargo, está compuesto por individuos que huyen durante el entrenamiento básico. Para ellos, el abandono es simplemente otra forma de evasión del servicio militar. "Su participación en la guerra terminó antes de empezar", señala Kazarin. Sin embargo, el sistema trata a ambos grupos por igual, sin tener en cuenta el servicio prestado a la hora de dictar sentencias o reasignarlos a unidades de asalto.
La falta de un calendario claro de desmovilización ha hecho que el servicio militar parezca irreversible, privando a la sociedad del modelo tradicional de "veterano". Las cifras reflejan la gravedad del problema. Hasta agosto del año pasado, más de 200.000 personas habían abandonado sus puestos desde el inicio de la guerra, una estadística que posteriormente fue clasificada. En marcado contraste, durante el mismo período, se registraron menos de 20.000 procesos penales por evasión de la movilización, lo que resultó en menos de 2.000 condenas.
Para los soldados en el frente, el tiempo se convierte en un enemigo. Mientras los civiles continúan construyendo sus carreras y vidas, el personal militar se enfrenta a problemas que se agravan:
Una injusticia flagrante del sistema actual es que el tiempo de servicio no ofrece beneficios acumulativos. Un soldado en su quinto año recibe la misma paga y permisos que un recluta en su primer mes. Irónicamente, quienes retrasaron su movilización suelen recibir mejores condiciones, como contratos de tres años y posibilidad de elegir puesto.
Kazarin señala que los debates actuales sobre la lucha contra el abandono de destino se centran exclusivamente en aumentar los castigos (el "palo") sin tener en cuenta la "zanahoria". Aboga por un cambio fundamental en la política militar, en el que la duración del servicio mejore directamente las condiciones del mismo. Al vincular el tiempo de servicio a un aumento de los permisos, una mejor compensación económica y beneficios familiares, el Estado podría proporcionar a los veteranos agotados una razón tangible para quedarse, reduciendo en última instancia la tasa de abandono entre los combatientes experimentados.
Dado que la guerra no muestra signos de terminar, depender únicamente del carácter y la disciplina ya no es sostenible. El Estado debe crear un sistema que honre el desgaste y el sacrificio de sus defensores, en lugar de limitarse a exigir más.
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