Los manifestantes anti-inmigrantes tomaron las calles de varias ciudades de Sudáfrica bajo la supervisión de la policía. Muchos extranjeros habían salido del país antes de la fecha límite establecida por grupos xenófobos, temiendo la violencia.
Migrantes de países como Zimbabwe, Mozambique y Malawi abandonaron silenciosamente sus comunidades en varios townships, lo que refleja el miedo a los ataques xenófobos similares a los de 2008 y 2019.
La policía de Sudáfrica mantuvo una presencia visible a lo largo de las rutas de la marcha y en zonas con altas poblaciones migrantes para prevenir la violencia.
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