El ministro de Transporte de Alemania, Patrick Schnieder (CDU), ha emitido una severa advertencia sobre la falta de fiabilidad crónica de Deutsche Bahn (los ferrocarriles alemanes), sugiriendo que la actual crisis de infraestructura podría socavar los cimientos mismos de la democracia del país.
En una reciente entrevista con el Funke Media Group, Schnieder enfatizó que la incapacidad del Estado para mantener los servicios básicos está erosionando la confianza pública. "Es sumamente peligroso que cada vez más personas tengan la impresión de que el Estado no funciona", afirmó el ministro. "No debemos permitir que la gente crea que el Estado no puede controlar problemas como puentes en ruinas o trenes notoriamente retrasados. Debemos demostrar que somos capaces de actuar".
A pesar de la urgencia de su discurso, Schnieder rebajó las expectativas de soluciones rápidas, revisando drásticamente los objetivos de puntualidad ferroviaria. El ministro fijó una meta modesta del 70 por ciento de puntualidad para todos los trenes hacia 2029. Descartó la ambición de la anterior junta directiva de alcanzar entre un 75 y un 80 por ciento para 2027, calificándola de absoluto "espejismo".
"Tenemos que evaluar esto de manera realista, de lo contrario, la gente se sentirá mucho más decepcionada si ni siquiera nos acercamos a lograrlo", advirtió Schnieder.
La realidad en las vías sigue siendo desalentadora. El año pasado, solo alrededor del 60 por ciento de los trenes de larga distancia operaron sin retrasos importantes. Evelyn Palla, quien asumió la dirección de Deutsche Bahn hace seis meses, confirmó que la infraestructura envejecida y sobrecargada impide cualquier milagro a corto plazo. El objetivo para el año en curso es simplemente estabilizar la tasa de puntualidad al nivel de 2025, una meta que ya se ve amenazada por los fenómenos meteorológicos extremos de enero y febrero.
Para ofrecer mejoras tangibles mientras se abordan los problemas estructurales a largo plazo, Deutsche Bahn ha lanzado un plan de acción inmediata de tres puntos. Dos de estas iniciativas ya están en marcha y se centran en:
En el contexto de la guerra de Irán y el aumento de los costos del combustible, Schnieder aboga firmemente por el transporte público. Instó a los ciudadanos a cambiar al Deutschlandticket de 63 euros, señalando que sigue siendo "mucho más barato que los abonos mensuales regulares" y ofrece validez a nivel nacional. "Especialmente en la situación actual, solo puedo recomendar cambiar al Deutschlandticket en gran parte de nuestro país", añadió.
Sin embargo, el ministro de Transporte rechazó categóricamente una propuesta del ministro federal de Finanzas, Lars Klingbeil (SPD), de introducir topes en los precios del combustible similares a los de Luxemburgo. Schnieder argumentó que dicha fijación de precios es una "intervención masiva en el mercado que obstaculiza la competencia", la cual solo debería considerarse en una emergencia absoluta.
Además, Schnieder desestimó los renovados llamados a imponer un límite general de velocidad en las autopistas (Autobahn). Argumentó que los altos precios del combustible regulan naturalmente el comportamiento al volante: "Cualquiera que conduzca con prudencia lo nota en su bolsillo. La gente se da cuenta de eso incluso sin un límite de velocidad".
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