
El presidente Donald Trump declaró el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán como "terminado" el miércoles 8 de julio, tras un nuevo intercambio de ataques militares entre ambos países que pone en riesgo el acuerdo de mediados de junio.
Los Guardianes de la Revolución iraníes (IRGC) atacaron tres petroleros en el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas. Estados Unidos respondió atacando más de 80 objetivos iraníes, incluidos sistemas de defensa aérea costera, instalaciones de radar y pequeñas embarcaciones del IRGC en el Golfo Pérsico.
Irán reaccionó de inmediato: el IRGC declaró haber "destruido 85 grandes instalaciones militares estadounidenses" en Bahréin y Kuwait, incluida la base de la Quinta Flota Naval y la base aérea de Ali Salem. Kuwait, Qatar y Arabia Saudita condenaron a Irán.
Al margen de la cumbre de la OTAN en Ankara, Trump dijo a los periodistas que el alto el fuego de junio era "una pérdida de tiempo" y amenazó con nuevos ataques "muy duros". El secretario general de la OTAN Mark Rutte calificó los ataques de "absolutamente necesarios". El canciller iraní Abbas Araghchi denunció una "violación flagrante" del memorando y amenazó con detener las conversaciones de paz.
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