Un grave fallo técnico en el sistema de control del tráfico aéreo del Reino Unido perturbó los viajes aéreos en todo el país, provocando cancelaciones masivas y retrasos significativos en los principales aeropuertos, incluidos Heathrow, Gatwick, Manchester y Edimburgo.
NATS confirmó el fallo y aplicó medidas de contingencia para gestionar la capacidad reducida mientras los ingenieros trabajaban en la restauración. Las aerolíneas se vieron obligadas a cancelar cientos de vuelos.
El gobierno y las autoridades de aviación iniciaron una investigación sobre las causas. El secretario de Transporte anunció una revisión técnica completa y medidas preventivas.
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