Cuando el presidente de un país atacado, dependiente de armas de Washington, escucha un anuncio del presidente estadounidense que aparentemente lo tomó por sorpresa, ¿qué hace? Emite su propia declaración, pero con el cuidado suficiente para no irritar al poderoso aliado.
Eso hizo el presidente ucraniano Volodymyr Zelenski después de que Donald Trump anunciara el domingo que Rusia y Ucrania habían acordado dejar de atacar la infraestructura energética del otro. Zelenski, en su videodiscurso nocturno, lo llamó una «propuesta convincente» — sin confirmarlo. Dijo que Ucrania estaba dispuesta a «apoyar la desescalada» si los socios estadounidenses garantizaban la «disposición honesta y duradera» de Moscú.
Trump habló el domingo en Irlanda, culpando al conflicto Ucrania-Rusia — no al conflicto con Irán ni al bloqueo del estrecho de Ormuz — de la escasez de diésel en EE.UU. y los precios por encima de seis dólares el galón. Rusia no reaccionó en un primer momento y luego describió la propuesta solo como una «buena idea». El martes por la mañana, las fuerzas rusas atacaron Kyiv con drones, golpeando una gasolinera; al menos una persona resultó herida. En Zaporiyia, un dron mató a una persona. Por su parte, Ucrania atacó una refinería en la región de Samara y un almacén de la empresa Ozon en Taganrog. En la guerra de Ucrania, la vieja lección sigue vigente: las declaraciones son papel, los ataques son realidad.
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