EE. UU. se retira de GRECO, el organismo anticorrupción del Consejo de Europa
La administración Trump ha retirado formalmente a los Estados Unidos del Grupo de Estados contra la Corrupción, ampliamente conocido por su acrónimo francés GRECO, un organismo del Consejo de Europa encargado de supervisar el cumplimiento de los estándares anticorrupción entre sus Estados miembros. Esta salida convierte a EE. UU. en uno de los poquísimos países que han abandonado la organización, colocándolo junto a Rusia, que fue expulsada tras su invasión de Ucrania, y Bielorrusia.
¿Qué es GRECO?
Establecido en 1999, GRECO supervisa y evalúa el cumplimiento de los estándares anticorrupción del Consejo de Europa por parte de sus miembros en ámbitos como la independencia del poder judicial, la transparencia de la financiación de los partidos políticos, la integridad de parlamentarios y jueces, y la prevención de la corrupción en las fuerzas del orden. La membresía no se limita a países europeos; Estados Unidos se incorporó en el año 2000 y desde entonces ha sido objeto de evaluaciones y recomendaciones periódicas.
GRECO opera a través de un proceso de revisión por pares en el que las delegaciones de los países evalúan mutuamente sus marcos jurídicos e institucionales. Se espera que los miembros apliquen las recomendaciones dentro de los plazos acordados e informen sobre sus avances. El incumplimiento puede dar lugar a declaraciones públicas y presión reputacional, pero no conlleva sanciones legales formales.
La salida de EE. UU. y su justificación
La administración Trump notificó al Consejo de Europa su intención de retirarse, alegando lo que los funcionarios describieron como una supervisión extranjera innecesaria de la gobernanza interna y las estructuras legales de EE. UU. La decisión se enmarcó como parte de una retirada más amplia de los organismos de supervisión multilateral, a los que la administración ha calificado de extralimitarse en sus mandatos.
GRECO había formulado varias recomendaciones a los Estados Unidos sobre la transparencia del cabildeo, la financiación de campañas políticas y las medidas para abordar los riesgos de corrupción entre los jueces federales. Los críticos de la retirada sostienen que esta priva al país de un importante mecanismo externo de rendición de cuentas en un momento en que las propias instituciones de supervisión interna de EE. UU. están sometidas a presión.
Reacciones internacionales
La decisión provocó críticas inmediatas de funcionarios europeos y defensores de la transparencia. El Secretario General del Consejo de Europa lamentó la retirada de EE. UU., señalando que las evaluaciones de GRECO habían producido importantes reformas positivas en numerosos Estados miembros. Varios Estados miembros de la UE emitieron declaraciones calificando el movimiento de retroceso para la agenda anticorrupción transatlántica.
Las organizaciones de la sociedad civil en EE. UU. condenaron la decisión, argumentando que la retirada de GRECO señala un retroceso de la rendición de cuentas a nivel federal. Señalaron que las recomendaciones de GRECO sobre la transparencia del cabildeo y la integridad judicial habían tenido escasa repercusión en Washington incluso cuando EE. UU. era miembro, y que la salida formal elimina incluso la presión nominal que conllevaban dichas recomendaciones.
Implicaciones más amplias
La retirada de EE. UU. de GRECO es la última de una serie de abandonos de organismos internacionales de supervisión y estándares bajo la administración Trump, tras la salida o la reducción significativa del compromiso con varios mecanismos de derechos humanos de la ONU, procesos multilaterales de resolución de disputas comerciales y marcos de responsabilidad climática. Los observadores señalan que este movimiento coloca a EE. UU. junto a dos de los gobiernos más aislados internacionalmente de Europa — Rusia y Bielorrusia — al haber abandonado formalmente la organización, una comparación que no ha pasado desapercibida en las capitales europeas.
