En toda el África subsahariana, un grupo de líderes de larga duración en sus setenta y ochenta años están tomando medidas para consolidar aún más su control del poder, una tendencia que los analistas dicen refleja profundas ansiedades sobre la sucesión y la supervivencia política.
En varios países, los líderes envejecidos han enmendado constituciones para eliminar los límites de mandato, han extendido poderes de emergencia y han reprimido a la oposición. Este patrón es especialmente visible en África Central y Occidental.
La edad avanzada de algunos titulares ha intensificado la especulación sobre su salud y sobre quién asumiría el poder si quedaran incapacitados. En sistemas donde el poder es altamente personalizado, la ausencia de mecanismos claros de sucesión crea vulnerabilidad.
Los politólogos advierten que la incertidumbre de liderazgo prolongada en estados con recursos pero débiles institucionalmente puede acelerar la inestabilidad.
En algunos países, organizaciones de la sociedad civil han aumentado la presión por reformas democráticas, con éxito limitado dado que los gobiernos en cuestión han marginado a los críticos.
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