Estados Unidos ha escalado su confrontación con Irán imponiendo nuevas y amplias sanciones económicas, tras semanas en las que el conflicto entre ambos países parecía estancado. La decisión de Washington de aplicar medidas financieras que los observadores describen como drásticas está impulsada en parte por consideraciones políticas internas: el presidente Donald Trump busca una victoria clara en política exterior antes de las próximas elecciones de mitad de mandato.
Las relaciones entre Washington y Teherán han estado tensas durante meses, sin que ninguna de las partes haya hecho concesiones significativas. El enfrentamiento está vinculado a las tensiones más amplias en Oriente Medio. Los canales diplomáticos han permanecido en gran medida inactivos, y los intentos de reanudar las conversaciones nucleares han fracasado.
Las nuevas medidas apuntan a sectores clave de la economía iraní con el objetivo de obligar a Teherán a volver a la mesa de negociaciones. Los funcionarios iraníes han condenado el movimiento como un acto de agresión económica. Las próximas semanas pondrán a prueba si la apuesta de Washington por la coerción económica puede lograr resultados antes de las elecciones.
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