
La economía de China creció mucho más lentamente de lo esperado en el último período de referencia, con datos oficiales que muestran que el crecimiento no alcanzó el objetivo anual del gobierno. La desaceleración se atribuye a una combinación de débil demanda interna persistente y los efectos en cascada del aumento de los precios del petróleo causado por el conflicto entre EE.UU. e Irán.
El gasto de los consumidores en China no se ha recuperado de manera significativa a pesar de las medidas de estímulo gubernamentales. Los hogares se han mantenido cautelosos ante las preocupaciones por el sector inmobiliario y la incertidumbre laboral.
El conflicto entre EE.UU. e Irán ha impulsado al alza los precios energéticos globales. Como gran importador de petróleo, China ha sido especialmente vulnerable al impacto de los precios. Los mayores costos energéticos han reducido los márgenes de beneficio empresarial.
A pesar de los obstáculos, el sector exportador de China tuvo un desempeño sólido. Sin embargo, los economistas advierten que el impulso exportador por sí solo es insuficiente para compensar la debilidad de la demanda interna.
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