
El lunes 6 de julio, China lanzó desde un submarino de propulsión nuclear un misil balístico con capacidad nuclear al Pacífico Sur, una rara demostración de fuerza que provocó fuertes críticas internacionales.
Pekín describió el lanzamiento como parte de ejercicios militares anuales. Los analistas, sin embargo, consideran que el mensaje apuntaba directamente a Estados Unidos.
El lanzamiento demostró la capacidad de «segundo golpe» de China: incluso si fuera atacada primero, podría responder con misiles lanzados desde submarinos dispersos en el océano.
El misil cayó en la zona libre de armas nucleares del Pacífico Sur, protegida por el Tratado de Rarotonga de 1986. Australia y Nueva Zelanda protestaron por la falta de aviso previo. El primer ministro australiano Albanese calificó el lanzamiento de «acto provocador que desestabiliza la región».
China ha acelerado la construcción de su flota de submarinos nucleares. Los expertos ven en este ensayo un gesto sistemático y piden que Pekín sea sometido a los mismos estándares que las potencias nucleares occidentales.
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