La doctora Amanda Cole tenía 15 años cuando experimentó su primer tic vocal en clase de religión: un espasmo peculiar en la garganta que supuso que pasaría. No pasó. Años después le diagnosticaron el síndrome de Tourette. Su primera reacción fue el miedo. '¿Cómo voy a tener una familia? ¿Cómo voy a tener un trabajo?', recuerda haberse preguntado. 'Pensé que iba a destruir mi vida.'
Ahora, con 32 años, Cole es profesora de sociolingüística en la Universidad de Cambridge, y hasta hace muy poco ningún colega ni estudiante sabía de su condición. Gestionaba sus tics suprimiéndolos o liberándolos discretamente cuando su interlocutor miraba hacia otro lado. 'Me sentía tan asustada por el Tourette', dice.
Cole decidió hablar abiertamente tras un incidente en los premios Bafta en el que un invitado con tics gritó palabras ofensivas. 'Es bastante liberador contárselo a la gente', dice. Sus tics suelen incluir llamar los nombres de familiares o frases aleatorias como 'buenas noches' durante el día.
Los datos muestran que solo 70 de los 245.000 académicos del Reino Unido han revelado una condición del desarrollo que afecta a habilidades motoras o cognitivas. Los expertos creen que el número real es mucho mayor, con muchos académicos ocultando condiciones como el Tourette por miedo a repercusiones profesionales.
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