El ejército israelí desplegó tropas en el pueblo de Kusra, en la Cisjordania ocupada, el viernes, tras días de presión de Washington para que intervinieran. Colonos israelíes habían sitiado tres hogares palestinos desde el fin de semana anterior, bloqueando la carretera de acceso, montando tiendas para mantener el asedio y cortando el suministro de electricidad y agua. Según Naciones Unidas, unos 15 palestinos, incluidos dos niños, estaban atrapados en el interior sin agua ni luz.
La intervención del ejército y la policía israelíes se produjo, al menos en parte, a petición explícita de Estados Unidos, según el embajador estadounidense Mike Huckabee.
El embajador Huckabee, conocido por su postura decididamente pro-israelí, emitió una rara condena de los colonos israelíes implicados en el asedio, calificándoles de “terroristas israelíes” y señalando que la intervención militar se produjo tras una solicitud directa de Estados Unidos.
El incidente de Kusra es el último episodio que pone al ejército israelí bajo presión creciente para actuar contra las apropiaciones ilegales de tierras y la violencia de los colonos en la Cisjordania ocupada. El gobierno de Netanyahu ha perseguido una política de expansión de los asentamientos judíos en el territorio, considerados ilegales por el derecho internacional.
El episodio de Kusra ilustra la dinámica compleja y a menudo volátil entre el Estado israelí, su ejército y los grupos de colonos, algunos de cuyos miembros operan con un grado de impunidad que ha sido objeto de críticas internacionales durante mucho tiempo.
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