
El destino de Lindsay Clancy está ahora en manos de un jurado de Massachusetts, que debe decidir si es culpable de asesinato en primer grado por la muerte de sus tres hijos, de entre ocho meses y cinco años. El juicio ha tenido en vilo al país durante cinco semanas.
Clancy no niega haber matado a sus hijos estrangulándolos con bandas elásticas en su hogar en Duxbury. Luego intentó suicidarse arrojándose por una ventana y ha asistido al juicio en silla de ruedas.
El jurado puede declararla culpable de asesinato en primer grado, que conlleva cadena perpetua sin libertad condicional, o de cargos menores. Si se la declara inocente por razón de demencia, sería internada en un centro psiquiátrico. La defensa arguyó psicosis posparto; la fiscalía sostuvo que Clancy actuó con premeditación.
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