El 20 de julio de 2026, el presidente español Pedro Sánchez visitó Argelia para reunirse con el presidente Tebboune. Días después, decenas de miles de migrantes llegaron a la frontera de Ceuta. La proximidad de ambos eventos ha generado un intenso debate sobre si Marruecos orquestó la crisis como represalia, y ha arrojado nueva luz sobre una de las rivalidades geopolíticas más duraderas del norte de África.
La rivalidad entre Marruecos y Argelia hunde sus raíces en el conflicto del Sáhara Occidental, que comenzó con la retirada española en 1975. Marruecos reivindica el territorio como parte integral de su nación; Argelia apoya al Frente Polisario. Según la red UNISCI, el conflicto ha evolucionado hasta convertirse en una pugna por la hegemonía regional en el Magreb.
«El conflicto del Sáhara Occidental se ha convertido en una lucha por la hegemonía regional en el Magreb, y un compromiso es cada vez más difícil.» — análisis de UNISCI
El International Crisis Group describe la relación marroquí-argelina como un dilema de seguridad clásico: cada parte ve sus propias acciones como defensivas y las del adversario como amenazantes, generando una espiral de rearme y desconfianza mutua. La Unión del Magreb Árabe permanece paralizada desde hace décadas por este conflicto bilateral.
En 2020, Marruecos normalizó sus relaciones con Israel, que reconoció sus derechos sobre el Sáhara Occidental. Argelia interpretó el acercamiento israelí-marroquí como una amenaza para su seguridad. Ambos países compiten hoy por la influencia en Europa: Marruecos como socio en migración y contraterrorismo; Argelia como proveedor de energía e influencia en el Sahel.
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