Richard Itoro, empresario nigeriano de 47 años, no sabe cuándo volverá a ver a sus hijos. Tras 15 años construyendo un negocio de coches, comprando una casa y formando una familia en Johannesburgo, se vio obligado a huir de Sudáfrica cuando los disturbios anti-inmigrantes alcanzaron su punto álgido en junio.
Itoro dijo a la BBC con lágrimas en los ojos: "Me resultó doloroso dejar a la persona que es mi mejor amiga." Sus vecinos le decían a ella: "Estás casada con un nigeriano. A vosotros os deberían arrestar."
La historia de Itoro es una de las decenas de miles que han avivado una crisis diplomática entre Sudáfrica y varias naciones africanas. Nigeria, Zimbabue y Mozambique han convocado a los embajadores sudafricanos en señal de protesta. Las marchas fueron condenadas como violencia xenófoba.
"Si vuelvo a casa y empiezo de cero, es mejor que estar aquí con miedo," dijo Itoro. Su caso muestra el coste humano de la crisis: una vida construida con esfuerzo, una familia separada y una ruptura diplomática que se extiende por todo el continente.
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