
La presión económica sobre los rusos ordinarios se intensifica, con la escasez de combustible — desencadenada por ataques de drones ucranianos a refinerías — surgiendo como una de las fuentes más visibles de frustración pública. Grandes institutos de sondeos rusos, incluidos VCIOM y FOM estatales y el Centro Levada independiente, han registrado un marcado deterioro del estado de ánimo. El Kremlin, sin embargo, insiste en la estabilidad.
DW pidió a sus seguidores en Rusia que compartieran sus experiencias cotidianas. Un usuario del distrito Pechatniki de Moscú describió conducir casi 40 kilómetros por la ciudad buscando una gasolinera abierta. Si encuentras una con gasolina, hay una cola de 50 a 100 coches, escribió. Otro suscriptor afirmó: últimamente hay que salir a buscar gasolina de noche; a menudo no hay nada y cuando hay, esperas dos o tres horas.
La escasez es consecuencia directa de los ataques de drones ucranianos a refinerías rusas. Los datos del portal BenZinMap confirman déficits repetidos en diferentes regiones.
Más allá del combustible, los rusos reportan creciente insatisfacción con los salarios y las perspectivas laborales. Las estrategias de supervivencia a corto plazo reemplazan cada vez más la planificación futura.
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