El miércoles por la mañana, la etapa superior usada de un cohete Falcon 9 de SpaceX se estrelló contra la Luna, cerca del famoso cráter Einstein, a una velocidad de unos 8.700 km/h. El accidente se ha convertido en un inesperado regalo para la ciencia planetaria.
La pieza —del tamaño aproximado de un edificio de cinco pisos y con un peso mínimo de 4.000 kg— fue lanzada desde Florida el año pasado, llevando dos módulos de aterrizaje lunar. Tras cumplir su misión, la etapa quedó orbitando indefinidamente hasta que la gravedad combinada de la Tierra, la Luna y el Sol, y la presión de la luz solar, la pusieron en curso de colisión en 18 meses.
El impacto se produjo a las 06:35 UTC. Como los investigadores conocen el tamaño, la masa, la velocidad y el punto de impacto exactos, este accidente se convierte en un experimento controlado valiosísimo para la ciencia planetaria.
Luna 2 soviética (1959), las sondas Ranger de la NASA en los años 60, etapas del Apolo, la misión LCROSS (2009) y un propulsor chino de 2014 (impacto en 2022) precedieron a este evento, recordando que los desechos espaciales se acumulan en órbita.
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