En Kingsport, Tennessee — una ciudad obrera de los Apalaches con 58.000 habitantes donde el fervor cristiano y el conservadurismo forman parte del tejido social — el presidente Donald Trump sigue gozando de un apoyo casi incondicional, pese a que su índice de aprobación nacional ha alcanzado un mínimo histórico del 32 %, 14 puntos menos que al inicio de su mandato en enero de 2025.
El pilar económico de Kingsport es la Planta de Municiones del Ejército de Holston, único proveedor nacional de ciertos componentes explosivos y propelentes utilizados en misiles Patriot y armamentos pesados. La planta emplea a unas 1.000 personas y ha intensificado su producción desde que Estados Unidos lanzó su campaña militar contra Irán en febrero de 2026.
Esa guerra ha disparado los precios del combustible por encima de los 4 dólares por galón y contribuido al deterioro de la popularidad de Trump. Muchos republicanos manifiestan decepción con sus políticas.
Pam Robinson, de 65 años, apoya la campaña iraní: "Si puede evitar que alguien tenga una bomba nuclear, estoy a favor." El veterano James Camper, de 63, fue más tajante: "Honestamente, creo que deberíamos convertirlos en un estacionamiento." Daniel Overstreet, de 53, admite que los precios siguen altos pero culpa al Congreso. La oposición al aborto y los valores morales cementan esta lealtad; en siete de los once distritos del condado solo concurrieron candidatos republicanos en las últimas elecciones locales.
Adam Teague, de 44 años, artista del piercing y demócrata gay, cuenta que moderó su imagen pública desde el regreso de Trump: "Lo moderé un poco, solo para sentirme más seguro." Su experiencia refleja el silenciamiento de la disidencia en comunidades donde la identidad conservadora está profundamente arraigada.
Usamos cookies para mejorar tu experiencia. Política de privacidad