
El presidente argentino Javier Milei reunió a su gabinete en pleno en el Salón Blanco del palacio presidencial en Buenos Aires para un discurso nacional en hora de máxima audiencia el jueves por la noche, centrado en un solo asunto: la reclamación de Argentina sobre las islas Malvinas. Ninguna cuestión toca el sentido de identidad nacional del país tan profundamente como el destino de estas islas, por las que Argentina libró una guerra costosa y fallida contra Gran Bretaña en 1982.
En el discurso, Milei declaró que las Malvinas son argentinas por historia y por derecho, negando a sus habitantes el derecho a la autodeterminación. Anunció sanciones más duras a empresas de extracción de petróleo en torno a las islas, la aceleración de la construcción de una base naval en el extremo sur de Argentina y la creación de un Consejo Nacional de Seguridad que incluya la cuestión de las Malvinas como prioridad.
Milei ha mostrado poco interés histórico en el nacionalismo tradicional sobre las Malvinas, llegando a expresar admiración por Margaret Thatcher. Pero ahora ve una oportunidad en la tensión creciente entre Trump y Londres y las dudas sobre la fiabilidad de EEUU como aliado del Reino Unido. Milei parece apostar a que Washington puede estar menos dispuesto a respaldar a Londres en las Malvinas.
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