Miles de hormigas cosechadoras africanas gigantes son incautadas en los aeropuertos kenianos, empaquetadas en pequeñas cápsulas por contrabandistas que buscan sacar partido del creciente mercado hobbyista en Europa. El comercio de Messor cephalotes está en auge, generando serias preocupaciones sobre su impacto en los ecosistemas.
El valor de una sola reina puede superar los 200 euros. Las autoridades kenianas han interceptado envíos desde 2025. Un ciudadano chino fue condenado a un año de cárcel por biopiratería; cuatro hombres, incluidos dos belgas de 19 años que se autodenominaban la "banda de las hormigas", fueron multados con unos 5.000 euros cada uno.
El entomólogo Dino Martins advierte que las hormigas confiscadas son reinas jóvenes aladas en el momento crítico de su vuelo nupcial, cuya extracción interrumpe la formación de nuevas colonias y daña el ecosistema de la sabana.
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