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Cómo Alemania pasó de ser un país de emigrantes a uno de inmigrantes

📅 Sep 3, 2026⏱ 2 min de lectura💬 0 comentarios

Benjamín Franklin, uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos, se quejó amargamente en el siglo XVIII de los inmigrantes alemanes en América: les acusaba de negarse a integrarse, de hablar solo su propio idioma y de superar en número a los locales hasta amenazar el gobierno. Hoy, formulaciones asombrosamente similares aparecen en los debates sobre los inmigrantes que llegan a Alemania. La ironía no podría ser más aguda: Alemania, actualmente uno de los principales destinos de los migrantes, fue ella misma uno de los mayores países emisores de emigrantes de la historia.

Millones abandonaron Alemania en busca de una vida mejor

Antes de 1820, solo unos 150.000 alemanes habían llegado a América. Pero en las décadas siguientes, ese número creció de forma dramática, ya que la pobreza, la represión política y la falta de oportunidades impulsaron oleadas de alemanes a cruzar el Atlántico. El historiador de la migración Jochen Oltmer señala que la migración no es un fenómeno moderno: desde que el ser humano anatómicamente moderno abandonó África hace entre 100.000 y 120.000 años, ha sido parte intrínseca de la historia de la humanidad.

Un viaje peligroso y costoso

La travesía no era ni barata ni segura. Un pasaje en un velero costaba aproximadamente el equivalente a un año de salario de un artesano, lo que obligaba a las familias emigrantes a vender todo lo que poseían. Quienes no podían costearlo eran en ocasiones reclutados por agentes — el equivalente histórico de los traficantes modernos — que prometían prosperidad y recibían una recompensa por persona entregada. A bordo de los barcos, los emigrantes se hacinaban bajo cubierta en condiciones insalubres, atormentados por los parásitos y sobreviviendo a base de galleta dura y carne salada.

De emigrantes a inmigrantes

Alemania ha completado desde entonces una transformación notable. Los debates que mantiene hoy sobre los recién llegados extranjeros — si se integrarán, si cambiarán el carácter del país — se hacen eco de los que en su día se tuvieron sobre los propios alemanes en los países donde se asentaron. Conocer esta historia no resuelve las cuestiones políticas de hoy, pero las sitúa en un contexto que muchos de los participantes en el debate prefieren ignorar.

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